viernes, 23 de diciembre de 2011

Reportaje a Silvia La Ruffa "VIOLENCIA: Los números hablan"


En un reportaje realizado por Página/12 Silvia La Ruffa: Subsecretaria de Planificación Estratégica del Ministerio de Justicia y Seguridad, se refiere a los datos sobre situaciones de Violencia de la Dirección General de Coordinación de Políticas de Género, que define la funcionaria intentan “disponer de una base confiable para formular políticas públicas de prevención, y romper con la dificultad que siempre significó elaborar un registro de casos –explica la funcionaria –. Pero también habla de una decisión política de visibilizar la violencia, que durante décadas se mantuvo oculta en el ámbito de lo privado.” Aquí transcribimos la nota de manera textual:


"VIOLENCIAS. En un momento en que los casos de violencia machista pueblan los noticieros a diario, el balance de las comisarías de la Mujer y la Familia de la provincia de Buenos Aires da un número alarmante: 42.859 denuncias por violencia familiar en un solo semestre de 2011. Silvia La Ruffa, ex coordinadora de Políticas de Género del Ministerio de Justicia provincial y actual subsecretaria de Planificación de Seguridad, asume, sin embargo, que éste es un número apenas testimonial: a pesar de las leyes vigentes, las instituciones tienen dificultades para registrar la violencia de género hasta que ésta no se traduce en lesiones graves.

Por Roxana Sanda

Sólo en los primeros tres meses del año se registraron 22.838 denuncias por violencia de género. El 75 por ciento de los denunciados son varones y un 70 por ciento de las víctimas, mujeres mayores de edad. Sólo en el conurbano bonaerense, la línea telefónica 911 recibe unas 30.000 llamadas mensuales clasificadas “de confrontación familiar”. Más de la mitad denuncian situaciones de violencia. Del total, el 79,8 por ciento de las denuncias se realizó en comisarías de la Mujer y la Familia del conurbano, y un 20,2 por ciento en el resto de la provincia. Los datos de la Dirección General de Coordinación de Políticas de Género del Ministerio de Justicia y Seguridad provincial, que encabeza la actual subsecretaria de Planificación de Seguridad, Silvia La Ruffa, intentan “disponer de una base confiable para formular políticas públicas de prevención, y romper con la dificultad que siempre significó elaborar un registro de casos –explica la funcionaria–. Pero también habla de una decisión política de visibilizar la violencia, que durante décadas se mantuvo oculta en el ámbito de lo privado.”

¿Por qué la dificultad de elaborar estadísticas confiables?

–En las comisarías de Seguridad se dan diferentes situaciones, como por ejemplo no ver la problemática hasta que la mujer presente una lesión. No se termina de comprender que existe otra normativa, que habilita a tomar denuncias por violencia familiar.

¿Esperan que a esa mujer le suceda algo más grave?

–Exacto, que se pueda recurrir al sistema penal. Pese al tiempo transcurrido desde la creación de las comisarías de la Mujer, en 1990, todavía no se incorporó del todo que existen los ámbitos de Familia o Civil que protegen a la víctima. Por eso es necesario agregarle un artículo al Código Penal, que obligue a recibir denuncias aun cuando la mujer no presente lesiones. En el caso de violencia familiar, pese a la existencia de la Ley 26.485 (de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres), se siguen aplicando por default las leyes 24.417 (nacional) y 12.569 (provincial), de Protección contra la Violencia Familiar. Existen medidas protectivas concretas, pero la sanción al agresor sólo se establece si hay un delito cometido. Tenemos que analizar entonces qué pena se le aplica a alguien que ejerce violencia psicológica, cuando ese tipo de violencia no constituye una amenaza para el sistema penal.

¿Este planteo abrió nuevos debates?

–Se está discutiendo la creación de un registro único de casos del Mercosur en una mesa conformada por los países integrantes y la Argentina, representada desde el Consejo Nacional de las Mujeres y la Dirección de la Mujer, de Cancillería. Son reuniones para pensar instrumentos que permitan mejorar las estadísticas existentes y llegar con recursos humanos a todo el país.

¿Cuántas comisarías de la Mujer y la Familia funcionan en la provincia de Buenos Aires?

–Hoy hay 44. Cuando asumió Daniel Scioli como gobernador había 24, y la proyección es que para 2015 todos los distritos cuenten con una Comisaría de la Mujer. Atienden problemáticas de violencia de género, en particular violencia familiar, y casos de abuso sexual.

¿Qué porcentaje ocupan los delitos contra la integridad sexual?

–El 45,89 por ciento ocurrió en el ámbito intrafamiliar, no se utilizaron armas de fuego para concretar la agresión y en poquísimos casos (2,95 por ciento) se observó que el victimario actuó bajo los efectos de alcohol, droga u otras sustancias. Las víctimas, en su mayoría, tienen entre 6 y 15 años. El 83,16 por ciento son mujeres. Los homicidios dolosos están vinculados en el 49 por ciento de los casos a violencia familiar, violencia de género, vecinal, laboral o riñas.

¿Todavía hay detenidas alojadas en comisarías de la Mujer?

–Sí. Hay algunas en las comisarías de La Plata, San Isidro, Quilmes y Merlo, que por supuesto no facilita para nada el abordaje de la cuestión de género. Pero el ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal, dispuso el cierre de 90 calabozos de la provincia de Buenos Aires para mejorar la atención de las víctimas y recuperar las comisarías como espacios de intervención, asistencia y prevención. Para 2012 se prevé el cierre definitivo de esos calabozos.

Salvo en sus inicios, en los ’90, el personal policial no volvió a recibir cursos de capacitación en la temática. ¿Cuál es la situación en la actualidad?

–Con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) brindamos una capacitación con perspectiva de género sobre violencia familiar y abuso sexual. El proyecto dura cuatro años: sería mentiroso pensar que en unos meses vamos a llegar seriamente a toda la policía. Esto no se trata de una charlita de sensibilización y estamos trabajando para incluirlo en la formación inicial. Cada comisaría cuenta con un equipo interdisciplinario que asiste jurídica, psicológica y socialmente a la víctima. Son cosas que hasta hace algunos años eran impensadas. La capacitación va a abrir muchas cabezas porque en algunos casos concretos te das cuenta de que si el personal hubiese tenido las herramientas, habría trabajado bien. En la mayoría de los casos, los errores se cometen porque creen que hay que mediar o que con una palabra se resuelve todo. Se trata de una cuestión cultural: no se los empoderó para actuar de otra manera.

¿Quiénes integran el equipo de capacitación?

–Se convocó a hombres y mujeres del Poder Judicial con experiencia en la temática, por intermedio de la Fundación de Estudios para la Justicia (Fundejus). Participan la jueza Jorgelina Martín, de Quilmes, y los jueces Gabriel Vitale, de Lomas de Zamora, y Carlos Romano, de Morón, entre otros, con una fuerte perspectiva de género. Los cursos empezaron en octubre, con buena recepción.

¿El personal de las comisarías sigue siendo mixto?

–Sí, pero en su mayoría son mujeres, porque entendemos que a la mujer le resulta más fácil si hay una mujer del otro lado, y ante esa expectativa también debemos darles una respuesta. Los hombres no reciben las denuncias ni trabajan en áreas de atención. De todos modos, no sentimos que el personal de estas comisarías deba ser mujeres porque son más sensibles, sino que se pone el énfasis en una cuestión de capacitación. De las 44 comisarías, las de San Isidro, Presidente Perón y Merlo la encabezan hombres, por elección propia.

¿Con qué otras redes articulan las comisarías?

–Forman parte de las 44 Mesas Locales Contra la Violencia Familiar, ubicadas en los mismos distritos que las comisarías, y coordinan con la Mesa Provincial Intersectorial, que articula los lineamientos político–técnicos para prevenir y atender la violencia en la provincia de Buenos Aires. Las mesas funcionan como primer nivel de contención y atención de casos de violencia familiar o de violencia de género. Las conforman organizaciones sociales y comunitarias, y áreas de desarrollo social, salud, género y derechos humanos de los municipios.

¿Son canales paralelos a la comisaría de la Mujer o centros de derivación?

–No se ocupan de casos particulares. Diagnostican lo que falta en el territorio, ya sea fiscalía temática, juzgado de paz, Comisaría de la Mujer, servicio de patrocinio jurídico, un refugio o el servicio de emergencia por 72 horas. Luego diseñan la hoja de ruta y realizan un seguimiento del sistema.

¿Cuál es el área policial de mayor contacto con esta problemática?

–El móvil, porque es el que acude en respuesta a los llamados al 911. Sólo esta línea atiende en el conurbano unos 30.000 pedidos de auxilio mensuales, clasificados “de confrontación familiar”. Más de la mitad corresponden a situaciones de violencia de género.

¿Por qué persisten las diferencias entre comisarías en cuanto a la calidad de atención a las víctimas?

–Sería ingenuo decir que todas tienen un mismo nivel, pero en la actualidad ninguna desaprueba, sobre todo si cuentan con una red local fuerte que acompaña y controla el desempeño de los que la integran, no sólo de la policía. Por ejemplo, en los casos de embarazo por abuso sexual, las comisarías de la Mujer intervienen y acompañan a las víctimas, pero también comunican a la dirección cuáles son los hospitales públicos que se niegan a practicar un aborto no punible o si en tal institución cuesta cumplir con el protocolo de atención. De todos modos, en algunas no incide tanto la atención, cuanto la cantidad de recursos que maneja la Jefatura Departamental a la que pertenecen.

¿Cuáles son los territorios más complicados?

–El conurbano, con un promedio de 40 denuncias diarias. En el interior, la misma cifra es mensual. Las comisarías de la Mujer con mayor registro de denuncias durante 2010 fueron las de Almirante Brown y Mar del Plata, y la de Malvinas Argentinas por su ubicación estratégica. Recibe casos de General Rodríguez y José C. Paz.

En su momento, ampliar la denominación del espacio a comisarías de la Mujer y la Familia generó cuestionamientos serios. ¿Cuál es el universo que acude hoy a una comisaría?

–Los cuestionamientos empezaron cuando se sancionó la Ley 12.569 y la gestión del ex ministro de Seguridad, León Arslanian, propuso esa denominación porque les garantizaría a hombres y mujeres por igual radicar denuncias por violencia familiar. Pero la verdad es que el 80 por ciento de las denunciantes siguen siendo mujeres víctimas, otro 15 por ciento niños y niñas, y sólo un 5 por ciento de las denuncias corresponde a hombres, de los cuales la mitad son adultos mayores que sufren violencia familiar. La otra mitad denuncia como estrategia defensiva. Es el “me adelanto antes que me denuncies” o la discusión por la tenencia de los chicos. Muchas veces los tenemos a él y a ella radicando la misma denuncia en diferentes escritorios, pero por la ley provincial debemos tomárselas a los dos.

¿Cuál es el porcentaje de denuncias por abuso sexual?

–Es ínfimo en relación con la cantidad total de denuncias por violencia familiar, que llegaron a 77.185 en 2010, mientras que las efectuadas por abuso no alcanzaron a las 3000. Una brecha enorme, porque la violencia intrafamiliar sigue siendo invisibilizada. Todas las comisarías bonaerenses toman estos casos, menos las de La Plata, donde el fiscal general dispuso que se concentren en el Centro Integral de Delitos Contra la Integridad Sexual, de la Policía Científica.

¿Se percibe un mayor compromiso social frente a las mujeres víctimas de violencia?

–Creo que hay más solidaridad. Desde que la violencia contra la mujer comienza a verse y percibirse, se entiende que no se trata ya de un problema individual y privado, sino que es de índole pública. Esto es un logro de los movimientos de mujeres, que significó el ingreso del tema en la agenda política. Muchas de las denunciantes son acompañadas por una amiga, una familiar o una vecina. En la provincia también se está trabajando con las manzaneras, unas 30.000 referentes barriales que se encargan de acompañar a las víctimas de violencia.

¿Qué tipo de casos se recortan por su dificultad?

–Los de las mujeres incendiadas. Son casos que toman las comisarías de Seguridad, porque se trata de homicidio o intento de homicidio. Su complejidad no reside en la condena, sino en la capacidad probatoria. Por lo general hay poca evidencia y se complica todavía más si la víctima no hizo denuncias previas. Además, no suele haber testigos del hecho. El fuego no deja el tipo de huellas que pueden imprimirse en un cuchillo o en otras armas. Un caso emblemático es el de Fátima Catán, una joven embarazada, incendiada con alcohol y que falleció el 23 de agosto de 2010. Su madre, Elsa Gerez, acusa a la ex pareja, Martín Santillán, que permanece en libertad. El 22 de septiembre último se hizo una reconstrucción del crimen con la colaboración del Centro de Protección de los Derechos de la Víctima (CPV) para analizar la posibilidad de cambiar la carátula, que hasta la semana pasada el fiscal Ramiro Varangot mantuvo como “averiguación de causales de muerte”. Finalmente el juez de Garantías de Lomas de Zamora, Gabriel Vitale, imputó a Santillán por “homicidio calificado” con el agravante de ser cometido “en el marco de la violencia contra la mujer”. Pero son situaciones difíciles porque el fuego no deja rastros acusatorios. Sólo marca impunidades.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Fernando Gray ORDENÒ DERRIBAR CASA EN LA QUE VENDIAN PACO




ANTICIPO DE LA EDICION GRAFICA Nº 471

El intendente de Esteban Echeverría Fernando Gray dispuso que se proceda a derrumbar un inmueble que funcionaba como “aguantadero”, sito en Garreador y Vernet, donde se detectó venta de drogas.

Ante denuncias de vecinos por cocinas o venta de drogas, solicitó a la Justicia que autorice su derrumbe. “Es uno de los tantos allanamientos que se están haciendo. Se demolió esta casa donde se vendía droga para que no vuelva a ser usada. Vamos a construir allí un espacio público según lo que se consensúe con los vecinos y así fijar una clara posición desde el Estado municipal: no queremos drogas para nuestros chicos”, afirmó Fernando Gray

Esta medida ya fue aplicada en otros barrios del distrito, como El Pantano y San Ignacio. En el primero hoy funciona un Centro de Atención Infantil que reúne a niños de todo el distrito en la nueva Orquesta Infanto Juvenil de Esteban Echeverría, mientras que en el segundo se está terminando la obra para inaugurar un oratorio que funcione como espacio de encuentro y capacitación para los vecinos más cercanos.

Campaña Violencia Cero: PREMIAN A MARÍA ENCARNACIÓN NICOLÁS


Foto 1 (arriba) la Dra. María Encarnación Nicolás recibiendo la distinción de manos de la Crío mayor Mónica Muñoz Coordinadora general de Políticas de Genero de la Pcia de Bs As acompañan Fernando R Cáceres Pte de la Asociación Civil Inseguridad Cero = Exclusión Cero, la Crío Etelvina Zaracho titular de la Cría de la Familia de Florencio Varela y el Jefe de la Departamental Quilmes Crío Mayor Pablo Otero

Foto 2 (centro) la Dra. María Encarnación Nicolás lee "La Esquina de las Zozobras" seindo observada por la Lic Silvia La Ruffa Directora General de Coordinación de Políticas de Género, Ministerio de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires, la Crio Inspector Mercedes Castro, Fernando R Cáceres Pte de la Asociación Civil Inseguridad Cero = Exclusión Cero y el Jefe de la Departamental Quilmes Crío Mayor Pablo

Otero

Foto 3 (abajo) la totalidad de los premiados



La Dra. María Encarnación Nicolás, artista plástica y escritora de Florencio Varela, fue destacada en la conmemoración del Día Internacional de la Erradicación de la Violencia contra la Mujer, por su labor social, artística y literaria a favor de la Familia y de la Mujer por la Asociación Civil Inseguridad Cero = Exclusión Cero que preside Fernando Ricardo Cáceres

Por no permanecer indiferente ante los hechos de Violencia cotidiana Por contribuir cotidianamente a a la Construcción Ciudadana Por su aporte a mejorar la Calidad de Vida de la Comunidad en el marco de la Campaña VIOLENCIA CERO

El acto se realizó en el salón del Círculo Médico Berazategui , sito en calle 133 e/ 13 y 14 de , el pasado 24 de Noviembre

Cabe destacar que durante veinticinco años María Encarnación Nicolás se dedicó al ejercicio profesional de la Abogacía en el Fuero de Familia, además de dictar cátedra en la enseñanza pública durante veintinueve años, sobre dicha materia.

En la actualidad -y a partir de un severo problema de salud que ha padecido hace cinco años-, se destaca más por su trabajo social, artístico y literario. Y es así, que en esta ocasión, su condición de escritora fue lo más relevante, con la presentación en público de su cuento "La Esquina de las Zozobras", que aborda a través de una delicada prosa poética, el tema convocante: LA VIOLENCIA SOBRE LA MUJER -y que pertenece a su Libro "La Tierra de los Paradigmas", e incluye otros veinticuatro cuentos y sus respectivas imágenes, también de su autoría-


LA ESQUINA DE LAS ZOZOBRAS

Hundir en el mar para siempre aquellas ideas estériles. Esas que afloran sin cesar en la mente, interfiriendo en un devenir previsible de la conciencia. Saber que existe un mar inmenso y tan profundo, pero tan incapaz de aplacar un mundo que no me agrada. Amo mis delirios, volar sobre aves poéticas que extienden sus alas purpúreas y de ligerísimas plumas. Amo el arte.

Y como el viento, corro por la pradera batiendo los zarzales, pródigos en mariposas y abejorros, disipados antes de los albores de la mañana.

Mundo agrietado, difuminado entre brumas. Mundo sinergético: sólo tú y mi otro yo, donde se quiebra la sinapsis, perforando la mente. Todo se atomiza, me reconcentro. Aquí la vida es más intensa, más infinita. La muerte se desplaza hacia afuera y mis días ya no duelen.

Escojo el silencio de las piedras bajo el océano tan profundo, permanezco oculta entre sus madréporas. A veces asciendo y otras desciendo. Es que estaba tan acostumbrada a ver el cielo . . .

Ahora, aquí todo es mucho más denso. A veces me congelo y otras me disperso en tibiezas, hasta que me evaporo y logro ser nube ¿Qué es la verdad? Si siempre lo más importante va a permanecer oculto. Cómo saber cuándo tienes razón. Me enfrío. Tanta cavilación me ha consumido la energía. Afloro y escucho. Ahora, puedo oír un murmullo ensordecedor que me golpea. Creo que se avecina una tormenta. Él entra con la mirada crispada, me detecta y me detesta también. Sus ojos me intimidan. Busco cobijarme en mi mar calmo, el Mediterráneo. Un delfín de alas azules, me toma del brazo y me arrastra hasta una pequeña isla. Me siento a salvo. Es mi mente fracturada, la que no hace su sinapsis. Siento un golpe y el dolor se adueña de mi niñez. Sangra una de las comisuras de mis labios. Oigo muy lejos una voz que me dice “inútil, perra mal parida, por qué no limpiás y hacés la comida?; yo trabajé todo el día”.

Me arrastro hasta el borde de la cama y aprieto fuerte la colcha que cuelga. Soy un náufrago aferrado a su pequeña tablita. Él vuelve otra vez sobre mí, me zamarrea y me arroja con furia, hacia el otro lado de nuestra cama.

No encuentro ninguna tabla. Me di un golpe terrible contra la pared, pierdo el sentido. El sentido de la vida. Siento el color de la sangre pegoteándoseme. Siento frío, mucho frío. Mi cuerpo se va vaciando. Me alejo, floto a la deriva. El mar está calmo y hasta un poco tibio. Ya no necesito una tabla. Sólo miro al cielo, que está pletórico de estrellas. A él, ya no lo veo más. Se quedó allá abajo mirando mi sangre. Ahora lo veo correr, siempre tan cobarde. Quizás, ahora sólo le quede golpear las paredes. Un animal más, entre una infinidad de otros especímenes furiosos. La ostentación, sólo un elemento de muerte. Mostrar una mujer bonita; una fuerza bruta vacía de sentimientos que con tanto resentimiento, vació mi vida de sus colores y a mi cuerpo de su sangre.

Yo salgo a respirar cada mañana a la superficie del mar. Desde aquí sólo veo ciudades libres y pacíficas. Por qué estos pensamientos tan funestos me invaden?. Él está por llegar. Otra jornada de malostratos y ya van . . .

Siento tanto miedo!. Sé que él me domina y le miento a mi madre todos los domingos.

Sobrevivo a mil metros bajo el nivel mar. Cada mañana salgo a respirar, cuando voy de compras y un pez de aletas azules pasa a mi lado. Yo clasifico todas las especies, que me acompañan, en este elemento líquido que abre mis branquias y me provee un mundo alternativo, que salva mi conciencia.

Regreso a mi casa y tomo un libro titulado “El mar, el viento y los hombres perdidos”, ocultándome otra vez entre las madréporas, para leerlo.

Muchos peces y moluscos curiosos pasan a mi lado. Veo cómo los grandes se comen a los pequeños. Siento miedo. Hace tiempo que he perdido la conciencia de si soy grande o pequeña. Mis sinapsis, definitivamente, han entrado en cortocircuito. Lamentablemente, no sé si soy presa o depredador. Temerosa, y sin querer, suelto el libro. Creo que fui víctima de un ataque de pánico. Y veo cómo mi querido libro se aleja buscando la superficie. Lucho, pero ya no podré alcanzarlo. Él es más pequeño y mucho más veloz. La gravedad me retiene en el fondo. Me toco la cara. Tengo muy hinchado el labio. Mañana no podré ir a trabajar. Mis alumnos se quedarán sin maestra. Aprieto fuerte la colcha. Él se dio vuelta. Seguramente, irá a buscarse otro vaso de vino. Donde manda capitán no manda marinero, aunque el barco se haya hundido.

María Encarnación Nicolás

Tercer Premio en Narrativa en el

“Concurso Literario Internacional de

Poesía y Narrativa Alejandra Pizarnik-2011”